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La Jardinera

Lo que paso fue un verdadero vendaval o como dicen una “ciclogénesis”, que hizo volar sin orden todo lo que había en el jardín, este viento no solo desordenó las cosas sino que mezclo la savia con la sangre, la carne de lo inerte con la de lo latente, creando seres detallados nunca antes imaginados…

La chica que trabajaba la huerta familiar no quería dejar atrás esta oportunidad de cambiar de forma para hacerse menos visible ante los hombres, por eso llevaba años trabajando bajo los efectos menguantes lunares y las guías de las notas interplanetarias, en una mezcla bacteriológica, con genoma de Chrysopidae, que la haría transformarse en algo que siempre deseo, algo que la hiciera pasar desapercibida ante la disidencia en el fino detalle y los malos hábitos de los habitantes de su entorno; se convirtió en una especie de insecto que ella misma definía en sus pruebas como “la jardinera”… Ha nacido un “minoinsecto”!!! , Crono estaría muy contento de como aprovecho su tiempo.

El problema fue que el brebaje lo bebió también su dueña y la hizo hormiga con “chongo”.

En esa forma divina, la extraña e incomprendida, se dio cuenta de la violencia añadida que ejercía el ser humano, con su ceguera e ignorancia, sobre los espacios y tiempos, de las cosas esenciales y no tan “grandes” que esta especie de dos patas no puede apreciar a primera vista. Pensó que el hombre vivía en una situación de autómata sin un momento para la meditación y la observación.

Nadie se daba cuenta de que algo tan bello y extraño estaba allí mismo, nadie se daba cuenta de su existencia en un mundo tan veloz, pero esa es una de las intenciones de la belleza pasar como semilla que vuela, desde este momento en que ella cambió el rumbo de su forma, el mundo es algo que solo se explica en diagonal y sus perspectivas son infinitas. Gracias mujer insecto.

Añado unos cortes de un texto que hizo mi deleite

Vale más – dice Haraban Maur – un alma hermosa en un cuerpo deforme que un alma fea en un cuerpo bello. Por el principio del decoro estético, lo bello, como ya dice Isidoro, sólo debería manifestarse en una forma bella y lo falso en una forma repulsiva. Pero no es así. Lástima que estos poetas de la armonía pusieran su talento al servicio de una idea errónea.

“Sicut cujus est pulchrum corpus et deformis est animus, magis est dolendus quam si deforme haberet corpus, ita qui eloquenter falsa dicunt, magis miserandi, quam si talia defomiter dicerent” [Así como aquel que posee un cuerpo hermoso y un alma fea debe lamentarse más que si tuviera un cuerpo deforme, así quienes, llenos de elocuencia, dicen cosas falsas, deben ser más dignos de compasión que si dijeran tales cosas sin gracia].

De los textos de Isidoro y de Haraban se deduce que el placer tiene la misma relación con el contenido que con la forma: los goces que derivan de asimilar un contenido bello son superiores a los deleites más vanos de una hermosa expresión. Haraban exige, una vez más en nombre de la “decencia”, que la forma verbal del discurso se someta a la autenticidad del pensamiento: las palabras no deben imponerse, conmover y agradar por sí mismas, se deben poner al servicio de la verdad: “idque verbis oratoragat ut veritas pateat, placeat, moveat” [el orador con sus palabras debe procurar que la verdad se haga. Evidente, agrade y conmueva]. Si es preciso elegir entre los placeres debemos, nuevamente, preferir, sin lugar a dudas, la belleza espiritual e íntima del contenido a las gracias superficiales de la forma.

En el siglo X!! así nos lo recuerda Roberto de Melum. Aunque sus planteamientos son sumamente acertados, se atienen a lo tradicional: “La verdad del contenido no necesita de adornos ajenos para parecer bella o más bella de lo que es. Su sencilla belleza se impone por sí misma y se basta a sí misma. No sigamos el ejemplo de aquellos que se preocupan más de la apariencia que de la verdad, de aquellos que se esfuerzan mucho más en agradar que en ser útil, de aquellos que prefieren alimentar su odio a nutrir su corazón”.

La misma actitud respecto a la música, en la que todo queda resumido en las tan a menudo citadas palabras de San Jerónimo. Cuando alguien canta lo que debe gustar es, ante todo, el sentido de lo que dice y no el timbre de su voz: “non vox canentis sed verba placeant” [deben gustar las palabras y no la voz del que canta].

– Extractos de “La estética de la Edad Media” (Edgar de Bruyne)

AGRADECIMIENTOS

Muchas gracias por el apoyo a el proyecto CENTRAL de MUROS (@centraldemuros), comandado por Irma y Saúl, a Sego y Gregory por su buena compañía y a mi amada Sandy López.

Pintura mural en el Mercado Juárez, entrada del metro de CUAUHTEMOC
CDMX, México, 2020.
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